Una
Carta desde Europa…
Prof.
Roberto Román L.
Universidad de Chile
Cuando esta nota salga publicada en nuestro periódico,
ya estaremos de regreso en casa. Hemos realizado una rápida pasada por Italia
(Nápoles, Florencia, Roma); Alemania (Dortmund, Aachen y Julich) y España
(Madrid) en un viaje en que se combinaron temas de trabajo como también turismo.
A través de esta nota quisiera transmitir a nuestros lectores una visión de
la nueva Europa que se está vislumbrando
en estos inicios del Siglo XXI. Se trata de una Europa que está profundamente
interesada en los temas ambientales y que, a través de hechos concretos, se
prepara para luchar frontalmente contra el mayor desafío que tendremos en
la primera mitad de este siglo: controlar el calentamiento global.
Para ser justos, el esfuerzo no es igual en toda Europa.
Destacan desde el lado positivo Alemania, Suecia, Grecia y Dinamarca. Un poco
más atrás están España e Italia. Luego vienen Francia, Inglaterra y los otros
países que conforman
Cuando se produce la reunificación Alemana en 1991, se
une a Alemania la antigua Alemania del Este. Desde el punto de vista demográfico,
esto significó aumentar la población en unos 15 millones de habitantes. Pero
la antigua Alemania del Este era un país con industria obsoleta y procesos
altamente contaminantes. Así que en los quince años transcurridos se han realizado
enormes esfuerzos para mejorar la industria y reducir de manera drástica la
contaminación.
Una cosa que llama la atención en Alemania es el hecho
de que por donde uno se mueve, es común ver grandes turbinas eólicas y otro
tipo de instalaciones solares. Muchas casas tienen sistemas de agua caliente
sanitario solar y en forma muy común se ven casas y edificios con grandes
paneles fotovoltaicos que durante las horas del día alimentan a la red eléctrica.
Estos suman más de 100.000 casas "solares eléctricas".
Absolutamente todas las edificaciones
tienen diseños que permiten radicales ahorros de energía (mejor aislación,
control de infiltraciones, iluminación natural, sistemas “inteligentes” para
apagar luces y controlar temperaturas).
Pero hay otros síntomas evidentes de esta conciencia
ambiental: gran parte del transporte interurbano se realiza por una excelente
red de trenes (eléctricos); ni buses, camiones o automóviles emiten contaminantes
visibles; a la hora de escoger un vehículo los usuarios se fijan en su consumo
y bajo nivel de emisiones; toda
la basura es separada y más del 80% es reciclada; los procesos industriales
cuidan muchísimo su eficiencia energética y su bajo nivel de contaminación.
Las razones que están detrás de todo este esfuerzo no
son meramente altruistas. Es un hecho de que la conciencia energética y ambiental
de Alemania le permite ser hoy día una verdadera potencia al momento de desarrollar
tecnologías en el campo eólico, solar, energético, de descontaminación y ambiental.
También está el hecho de que mientras más profundamente se involucran en el
tema, más oportunidades aparecen de generar tecnología, puestos de trabajo
y productos exportables. Solo la industria eólica significa más de 75.000
puestos de trabajo.
Pero no todas las medidas son tan espectaculares. Existen
muchas, muy sencillas, que tienen gran impacto. Por ejemplo, en todas las ciudades existen grandes facilidades
para el uso de la bicicleta. Esto va desde ciclovías especiales en la ciudad,
lugares especiales de estacionamiento, áreas donde no está permitido entrar
en auto, pero si en bicicleta, ciclovías entre
ciudades y facilidades para llevar bicicletas en los trenes.
Sin duda la bicicleta es uno de los medios de transporte
más eficientes jamás inventados. Además el usarla implica que uno hace ejercicio.
Por lo tanto en toda Europa y especialmente en Alemania, se están dando las
mayores facilidades para su uso.
Por primera vez vimos, aunque aún en forma tímida, los
primeros autos eléctricos (cero contaminación) en las ciudades. En Roma, Nápoles
y Florencia también hay pequeños buses eléctricos en las zonas más históricas.
Esto implica menos ruido y cero contaminación.
Por supuesto también operan las fuentes “convencionales”.
Gran parte de la generación eléctrica en Alemania es en base a carbón. Pero
sus plantas emiten cero particulado y se están haciendo esfuerzos para, en
un plazo breve, reducir o eliminar las emisiones de CO2. Esto generará
nuevas tecnologías que a su vez podrán ser exportadas.
En nuestra prensa se está hablando más cada día sobre
la opción de energía nuclear. Al menos en Alemania, está claro que esta opción
está descartada. En la medida de que las antiguas plantas (ya en operación)
van cumpliendo su vida útil, se irán desactivando. No hay planes para instalar
nuevas. La razón es sencilla: los costos reales de la energía nuclear han
sido mucho mayores de lo que sus apologistas nos quieren hacer creer. Y las
“nuevas” tecnologías nucleares aún están a muchos años de ser tecnológicamente
viable[1].


¿Cuál es la lección que podemos sacar de todo lo observado?
En primer lugar de que no existe una “solución mágica”.
Es decir que a futuro no se ve que una
gran fuente energética sea la base para promover el desarrollo. Luego de que
ser eficientes y tener baja contaminación es casi equivalente. También está
el hecho de que soluciones de muy bajo impacto (por ejemplo las bicicletas)
pueden tener una importancia enorme en la medida de que gran parte de la población
las adopta. Y finalmente está el hecho de que el desarrollo de nuevas tecnologías
hace aparecer nuevas oportunidades de negocio y puestos de trabajo.
En el caso de Chile tenemos la desventaja de estar mucho
más atrasados en este proceso de “toma de conciencia”. Como vivimos en un
lugar aislado y relativamente poco contaminado, no nos damos cuenta inmediata
de los problemas que aquejan el planeta. Solo nos preocupa cuando no llega
el gas de Argentina o siguen subiendo el precio de los combustibles. Pero
tenemos la enorme ventaja de estar en un país con recursos de energías renovables
realmente enormes. La radiación solar que hay en Punta Arenas es similar a
la que existe en el mejor lugar de Alemania.
Pero nos queda por hacer todo al momento de identificar oportunidades, preparar
personas y desarrollar proyectos. Es un esfuerzo esencial para las próximas
décadas.
Los últimos 50 años de desarrollo del planeta han sido
impulsados en gran parte por la energía del petróleo. Sin duda se han producido
cambios y ganancias para sectores de la humanidad, pero también ha ido quedando
una huella de contaminación, lugares arrasados y mucha pobreza en este proceso.
El tema ambiental se ha tornado imperativo, como también la seguridad de suministro
energético.
La gran lección que debemos sacar es que es mucho más
razonable utilizar energías renovables, las que siempre están presentes, que
convertir en humo y contaminantes los recursos de nuestro planeta.
6. Casa con paneles fotovoltaicos para generar electricidad. En Alemania
hay más de 100.000 casas similares. El exceso de energía se alimenta a la
red. Así que estas casas no solo no consumen en forma neta, sino que son pequeños
generadores que apoyan a la red.