Una
Carta desde Buenos Aires…
Prof.
Roberto Román L.
Universidad
de Chile
Todo lugar, pueblo o ciudad tiene una personalidad bien
definida. A veces uno intuye que existen estados de ánimo asociadas a estas:
optimista, deprimida, cansina o temerosa. En aquellas ciudades con esplendor
e historia, esto es más marcado: la riqueza cultural de París, la intriga
que uno encuentra en las calles de Florencia, lo agitado y cosmopolita de
Nueva York y los aires de gran dama, un poquito venida a menos de Buenos Aires.
Buenos Aires es la ciudad Europea por excelencia en Latinoamérica.
En el Siglo XIX se enriqueció por el comercio con Europa. Los productos del
rico interior llegaban al puerto y de allí se embarcaban al viejo continente.
Igualmente todas las tiendas comerciales de importancia en Europa, en especial
los Ingleses, tenían representantes en Buenos Aires. Durante
En cambio en Chile, durante ambas guerras, como las empresas
de cobre eran controladas por compañías norteamericanas, las ventas de cobre
se hicieron a menos de un tercio del precio de mercado, como una forma de
“sustentar el esfuerzo bélico”.

Toda esta riqueza que llegó a Argentina y a Buenos Aires
en particular, permitió el construir lujosos edificios, el Teatro Colón que
está a la par de los muy buenos teatros Europeos, un sistema de Metro cuando
en el resto del Continente aún andábamos en góndolas y una industria poderosa
que se observa hasta el día de hoy.
Ya conozco a esta ciudad por más de 30 años. La primera
vez llegué a comienzos de 1974. En esos momentos en Chile recién pasaban los
primeros meses después del Golpe de Militar. Todavía notábamos los efectos
de la crisis de los últimos meses antes del golpe y las tiendas y estanterías
estaban semivacías. Al llegar a Buenos Aires, fue casi como sentirse en Europa:
gente bien vestida, buen transporte público, un nivel de educación enormemente
superior al nuestro, tiendas plenas de todo tipo de ropa, electrodomésticos
y objetos que aquí era casi imposible encontrar. Frente a un centro nuestro
oscuro y con las marcas de balas en muchos edificios, Florida y Lavalle eran
de una actividad, luces y movimiento que seguían hasta más allá de las 3 de
la mañana.
Pero esta vieja dama también ha pasado por momentos malos
y de depresión.
Estuve un par de veces durante la época de Dictadura
Militar. La ciudad estaba envuelta en un aire oscuro. Frente a los cuarteles
(muchísimos) prominentes carteles decían: “no se detenga, la guardia disparará”,
y llegaban noticias de persecuciones, desaparecidos y personas que tenían
que irse del país frente a una amenaza anónima.
Cuando vino la guerra de las Malvinas y se supo de la
mala conducción de los Generales, quienes se robaron descaradamente vituallas
y pertrechos que eran para los chicos reclutas que mandaron a las islas, la
indignación fue tan grande que
Después vinieron los años de Menem. Al comienzo muy bienvenido,
luego las duras medidas de privatización impulsadas por el FMI, luego la paridad
entre peso y dólar. En los años de Menem, cada vez que iba, se veía a la clase
media o trabajadora cada vez más pobre y desesperanzada, el país cada vez
más caro y el aparato productivo paralizándose.
El peor momento fueron los primeros instantes después
del “corralito”. Los Bancos del centro habían sido apedreados y sus ventanas
estaban recubiertas con chapas de acero.
Pero apenas los ladrones se alejaron un poco del gobierno,
este país tan rico, comenzó a resurgir de sus cenizas, y la vieja Buenos Aires
a recuperar de a poco su esplendor.
Esta vez vi una ciudad muy recuperada, con flores y fuentes
en gran cantidad de paseos. Un aire mucho más optimista flota en el ambiente
y el mismo optimismo hace que la gente sea más amable y acojedora.
Pues esa es una de las paradojas de Buenos Aires: a pesar
de ser una ciudad de más de 10 millones de habitantes, es claramente una ciudad
amable. Donde uno va, encuentra lugares gratos para tomar un café, conversar,
almorzar o simplemente pasar el tiempo.
Esta vez fuimos al Congreso Anual de
En otra ocasión profundizaré sobre los temas tratados,
pues los mismos están muy ligados al desarrollo y protección ante el calentamiento
global. Por ahora quiero seguir contando sobre la parte de visita.
Una de las maravillas de esta ciudad es su enorme cantidad
de editoriales y librerías. Una visita obligada es a
Otro lugar encantador es el barrio San Telmo. Aquí se
ubican anticuarios, artistas y artesanos. Es un lugar a no perder si uno va
un día domingo. Al pasear entre las tiendas de antiguedades, uno se da cuenta
de la riqueza que aquí existió (y aún existe): cristalería, vajilla, muebles,
esculturas y pinturas dan cuenta de pasadas fortunas. En la calle están los
malabaristas, estatuas vivientes, titiriteros y bailarines. Todos dignos de
ser observados algunos minutos.
Así que a todos los amantes de un buen libro, una buena
mesa o una alegre conversación, les invito a conocer a esta renovada, vieja
y gran dama que es la ciudad de Buenos Aires.
Publicado en "Nuestro Cajón del Maipo" en Septiembre de 2006.